viernes, 27 de mayo de 2011

QUIMERAS, ILUSIONES Y SANCIONES

Desde mi niñez, algunas historias bíblicas influyeron grandemente en mi espíritu. A temprana edad, no es posible sustraerse a la ascendencia de historias como la de Adán y Eva, el asesinato de Abel por Caín, la de Esaú, que vendió su primogenitura a cambio de un plato de lentejas, la de José, traicionado y vendido como esclavo por sus propios hermanos, o las parábolas empleadas por Jesús para ilustrar de manera patente los mandatos de amor del padre celestial.

Ahí en la Biblia leí una vez, entre esas historias maravillosas, la siguiente frase, contenida en el Evangelio de San Mateo y relativa al Sermón de la Montaña: “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente, pero yo os digo: no respondáis al mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha ofrécele también la otra”.

Tras muchos años de haberla leído por primera vez, este mandato imperativo de Jesús sigue llamando mi atención y condicionando muchas de las acciones de mi vida. No son pocos los que creen que con esta frase Jesús solo nos requirió a amar a todo hombre como nuestro hermano y a no devolver las ofensas e injurias que recibamos. Yo he llegado a convencerme de que más allá de ese llamado al amor, hay además otro requerimiento del Buen Pastor a todos los seres humanos: con el símbolo de poner la otra mejilla, también Jesús nos invita a no tener miedo y a persistir en las buenas acciones. Para mí, detrás de esa orden definitiva de presentar la otra mejilla, también se deduce un llamado a demostrar que pese a cualquier mala acción, no debemos nunca de desistir en los buenos propósitos y estar listos a seguir recibiendo las acciones violentas que sean necesarias, sin retroceder jamás.

Ese poner la otra mejilla, significa también que estamos obligados a ser honestos en nuestras intenciones y a cumplir honestamente con nuestros deberes, asumiendo las consecuencias necesarias derivadas del compromiso que adquiramos.

Todo este significado cristiano de una frase tan sencilla, evidencia para mí como tras cada una de las palabras de Jesús hay un llamado permanente a que seamos mejores, honestos, buenos, transparentes y valientes.

Y ese llamado a perseverar en nuestros propósitos y a asumir las consecuencias de nuestro accionar, aún cuando signifique tener que poner la otra mejilla, es lo que ha dado vueltas en mi mente desde que leí con verdadero asombro que casi la mitad de los noveles diputados, recién electos en Septiembre, han manifestado su aspiración a participar en las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad a celebrarse en Febrero, para optar a candidaturas para Alcaldes y Gobernadores, encontrándose entre tales aspirantes nada mas ni nada menos que el recién electo único representante de oposición por el Estado Monagas a la Asamblea Nacional, que ha hecho pública por los medios de comunicación monaguenses, su aspiración a la Gobernación del Estado.

Se trata, nada más y nada menos, de la mitad de los diputados, del cincuenta por ciento de unos señores que durante meses hablaron de su “compromiso con los altos intereses de la patria”, de cómo hacían un verdadero sacrificio personal para ir a la Asamblea Nacional “a representarnos a todos los venezolanos”. De la mitad de unos señores que hasta llegaron a generar una increíble tensión en la Mesa de la Unidad, como el caso de Enrique Mendoza, justificándose en que ellos iban a “dar la vida” en la Asamblea Nacional por el pueblo que representaban y que era precisamente ese pueblo el que "reclamaba" y "necesitaba" de su presencia en la Asamblea Nacional. 

Y en el caso de Monagas, mas dramático aún si se quiere, hablamos de un señor que a troche y moche, sin consulta ni democracia alguna, fue impuesto como candidato, a contraviento de las aspiraciones de amplios sectores de la Sociedad Civil y sin que importaran para nada sus antecedentes de desobediencia partidista y transfuguismo político ni la división de su propio partido.

Pues resulta que, sin haber siquiera “calentado el puesto” como dice el argot popular (calentado el curul sería quizás mas apropiado), ya abandonan todos esos compromisos y se van en búsqueda de unas posiciones políticas “mas rentables”. ¡Y ni hablar de poner la otra mejilla! Es decir, de perseverar en su puesto y cumplir con la famosa “Agenda Parlamentaria” y los “compromisos” con el pueblo que los eligió, aún cuando ello significara la pérdida de mejores oportunidades políticas o de mayores "beneficios" individuales. En fin, que esa pretensión de abandonar a los electores puede ser la mejor ayuda que reciba Hugo de parte de los actuales Diputados. Tal conducta, equivale a decirle a los electores que los han estafado, defraudado. Que no había intención alguna de representarles, sino sencillamente un deseo de “posicionarse” en un cargo desde el cual pensaban que podrían hacer realidad sus verdaderas aspiraciones.


En fin, solo queda esperar que se recobre la sensatez y que alguien (en la Mesa o fuera de ella) haga reflexionar sobre la necesidad de evitar enviar un mensaje tan nefasto, que equivaldría a tornar en quimera las ilusiones de los votantes, para usar las palabras de Milagros Socorro.

En otro aspecto de nuestra mágica realidad, la noticia de que los Estados Unidos impusieron a PDVSA una serie de sanciones simbólicas, por su intercambio comercial con Irán, ha puesto nuevamente en evidencia la tensa situación diplomática vigente entre ambos países, que se mantienen sin embajadores.

La Mesa Unitaria y algunos connotados líderes de la oposición han sabido dar una opinión realmente realista y objetiva ante unas sanciones que no solo son inaceptables desde el punto de vista de la legalidad internacional, dada su unilateralidad evidente, sino que además evidencian la doble moral del gobierno americano, que pretende sancionar a PDVSA por su trato comercial con Irán pero sin dejar de adquirir el petróleo venezolano ni afectar en la práctica lo que es una evidente relación comercial ampliamente satisfactoria para ambas partes.Hipocresía pura y simple pues, que no de otra cosa estamos hablando.

Mas aún, con tales sanciones, la administración de Obama no solo no hace mella alguna en el accionar comercial de PDVSA (por ser, como ya dije meramente simbólicas, algo que me trae a la mente aquel chiste de la esposa que cuenta a su cónyuge sobre un incidente de conducción y el abuso de que fue objeto por parte del otro conductor y cuando el esposo le preguntó que había hecho afirmó “no te preocupes mi amor, le eché un revirón de ojos, para que respetara”) sino que hace un flaco favor a la oposición democrática, que no tiene alternativa alguna mas que la condena de una acción cuya ilegalidad es apoteósica, y que además impulsa a la opinión pública a cerrar filas al lado de Hugo y del Ministro Ramírez, que por supuesto no desperdició la oportunidad para “mandar al carajo” a los “gringos”.

Claro que hay algunos de esa “oposición ultra”, que en lugar de reclamar a quien deben (es decir a Obama por el chimbo e ilegal “revirón de ojos”) ahora enfilan sus baterías hacia la MUD y hacia dirigentes como Capriles Radonsky y Pablo Pérez, reclamándoles su rechazo a tan erradas, ilegales e ineficientes sanciones.

Pero es que hay algunos necios, que no se dan cuenta del papel de tontos útiles de Hugo que asumen por malcriadez, mas que por tino político, que a lo mejor desearían que las potencias extranjeras bloquearan los puertos venezolanos, sin darse cuenta de que lo único que eso lograría es darles sobradas y justificadas razones a Hugo para decir, con el Cabito, que “la planta insolente del extranjero ha hollado el suelo sagrado de la patria”, amén de todas las lamentables consecuencias que solo para los venezolanos y para nuestra cada vez mas deteriorada democracia traería una ola de patrioterismo barato.

Tal vez ambas posturas, la de los diputados que no solo no entienden sino que rechazan totalmente “poner la otra mejilla” y la de los “opositores ultras”, no sean sino la evidencia triste de cuan lejos estamos de empinarnos por encima de nuestra pequeñez y de pensar en los altos intereses de la patria y de cómo la falta de visión, el egoísmo y las apetencias personales siguen siendo el caldo de cultivo que usa Hugo para atornillarse en el poder.


viernes, 13 de mayo de 2011

Afrodescendientes Somos Todos

Aprovechando las bondades de la tecnología y de internet, les dejo unos videos en los cuales está contenida la entrevista que me hizo Silvia Sánchez (a quien le agradezco su inmensa bondad para conmigo al invitarme regularmente a compartir con su audiencia) sobre el Proyecto de Ley que se discute en la Asamblea Nacional contra la discriminación racial.



jueves, 28 de abril de 2011

SOSPECHAS Y PRUEBAS

Este domingo tuve la oportunidad de disfrutar la lectura de una excelente entrevista realizada en el diario El Nacional a Elisa Lerner. De la conversación entre el periodista y esta afamada intelectual y escritora venezolana, dos menciones me hicieron reflexionar profundamente y me han mantenido así durante casi toda esta semana. La primera de ellas es el llamado formulado por Lerner a rescatar el valor de lo civil, tan perdido últimamente en nuestra Venezuela y su referencia destacada a la figura señera de José Gregorio Hernández, haciéndonos ver como el Siervo de Dios no es solo una figura emblemática de nuestra religiosidad, sino, mas allá aún, un verdadero héroe civil. La otra mención para reflexión, lo constituye su propio discurrir en relación a como nos hemos convertido en una sociedad que ha despreciado, consistentemente, a sus intelectuales como orientadores de la vida política, destacando el caso de Gallegos, que fue realmente puesto de lado como referencia política aún cuando siempre hemos “respetado” su grandeza como literato e intelectual.

Ciertamente, uno de los ejes centrales del pensamiento de Betancourt, Leoni, Caldera y Villalba, promotores y constructores de la etapa democrática mas larga que ha disfrutado nuestra patria, giraba alrededor de la necesidad de restablecer el justo valor de la civilidad. En una sociedad como la nuestra, que histórica y tradicionalmente ha elogiado al hombre de armas, al hombre de acción y que deja en segundo plano la figura del intelectual civil (no debemos olvidar nunca por ejemplo el conocido enfrentamiento entre Vargas y Carujo en los inicios de nuestra vida republicana) privilegiando al Procer Militar por encima de un procerato civil prácticamente desconocido (como si no los tuviéramos en abundancia superlativa), esa propuesta novedosa de los jóvenes que constituyeron la Generación del 28 y que luego quedó incorporada en algunas obras de Betancourt y que ocupó destacada posición en la famosa “Carta de Barranquilla”, parecía quizás destinada al naufragio y para muchos es evidente su destino final con la militarización creciente impuesta a rajatablas por el gobierno de nuestro Comandante-Presidente y la constante exacerbación de lo militar, puesto por encima de lo civil.

Pero no parece que esto fuera una condición solo propia de la sociedad venezolana. En un subcontinente caracterizado por la creciente pobreza y marginalidad y la evidente falta de orientación política, como es nuestra Latino América, no deja de sorprender el hecho de que intelectuales y escritores son vistos, casi en su totalidad, como hombres que son muy buenos, muy sabios, a quienes debemos honrar mucho y reconocerles esa condición casi mágica de contadores de historias, pero a los que no hay que hacerles mucho caso cuando se ponen a tratar de dar su opinión o peor aún, cuando cometen la imperdonable osadía de tratar de incursionar en la actividad política activa. Lo acontecido en Venezuela con Gallegos y Uslar Pietri, a quienes muchos “políticos” no dejaron de admirar mas que como se admira a un jarrón chino, pasa igual allende nuestras fronteras con innumerables intelectuales.

Quizás la mejor manera de emblematizar lo dicho, sea lo que ocurre con Mario Vargas Llosa en el Perú. Puesto a discurrir con la situación electoral de su país, Vargas Llosa no ha hecho mas que dar su opinión y asumir el rol que cualquier intelectual medianamente comprometido con su patria haría: tratar de orientar. Y sencillamente ha dado su criterio de una manera quizás mucho mas complicada que la adoptada por un profesor americano que también aprovechó para dar su opinión en relación con lo que pasa en el Perú en unos términos mucho mas simples y fáciles de entender: “De uno tengo sospechas, de la otra, tengo pruebas”. Esta frase feliz por su simpleza, reivindica mucho a Don Mario. La verdad verdadera es que sobre Ollanta Humala muchos tenemos dudas y sospechas. No podría ser de otra manera si observamos el background del sujeto, su pasada “conexión” con Chávez, su filiación familiar con ideas extremas de izquierda. Pero también, durante los últimos tiempos, ha dado muestras de un “desmarcaje” con la figura de Hugo, una creciente vinculación con la izquierda democrática, un cercano vínculo con la figura de Lula (otro personaje, por cierto, sobre el cual muchos tuvieron dudas por su procedencia y vinculación con movimientos de extrema izquierda, pero que supo dar pruebas irrefutables de su convicción democrática y de su compromiso irrenunciable con las aspiraciones de los mas desposeídos del Brasil) al punto de que sus principales asesores durante la actual campaña electoral proceden precisamente del círculo mas cercano al ex – presidente brasileño. Destaca también en su discurso la constante mención a los modelos brasileño y chileno como ejemplos a seguir, sus declaraciones de intención en relación al mantenimiento de relaciones con los Estados Unidos, el  mantenimiento del TLC, el respeto a la libertad de expresión y comunicación, su intención de no reelegirse, etc.

De tal modo pues, que la figura de Ollanta puede razonablemente suscitar “dudas” y es obvio que acostumbrados como estamos a sufrir desengaños de todas aquellas promesas efectuadas al calor de una campaña electoral, no podamos dar, ni mucho menos recibir garantías de estricto cumplimiento por parte del candidato que hoy por hoy parece encabezar las preferencias electorales peruanas.

Pero del otro lado, no hay frente a Ollanta un contendor que constituya faro de luz, ni garantía de seguridad. Es mas, quien secundó a Ollanta en la primera vuelta electoral en el Perú y disputa con el actualmente la Presidencia, no es ni siquiera una figura que genere “dudas” (al menos para quien suscribe). En realidad, si a ver vamos, Keiko Fujimori es la hija de Alberto Fujimori, es decir de un personaje cuyas características, rasgos y modos de ejercicio del poder lo mantienen nada mas y nada menos que preso, reo condenado de delitos contra los derechos humanos. Durante su gobierno, que indudablemente tuvo origen en la voluntad popular, porque fue electo precisamente contendiendo contra Mario Vargas Llosa, realizó acciones que son absolutamente imperdonables. ¿Alguien recuerda el cierre del Congreso, utilizando la fuerza militar puesta bajo su comando? ¿Ya olvidamos la persecución constante contra todos los opositores, la corrupción generalizada, el ejercicio autoritario del poder, la dictadura solapada que implantó, su intención nunca velada ni embozada de perpetuarse en el poder, incluso con la utilización del fraude electoral?. Pues bien, durante ese gobierno, su hija Keiko fungió de “primera dama” y fue frecuente acompañante de su padre en todo tipo de actos políticos y un personaje de evidente influencia en el gobierno fujimorista y en el entorno presidencial.

Es esa misma Keiko, a los que muchos hoy quieren hacernos pasar por defensora de la democracia y última barrera en la batalla por la defensa de la libertad, la que declara que el gobierno de su padre fue el mejor de la historia peruana, la que para tratar de confundir incautos declara que el gobierno de Alberto Fujimori fue “democrático” porque fue electo por el pueblo y que solo fue “autoritario” en su ejercicio, como si fuera posible conjugar democracia y autoritarismo.

En fin, ante un cuadro como el que presenta Perú, en el que nadie parece entender que lo verdaderamente imperdonable es que los partidos realmente democráticos y sus máximos dirigentes no hayan sido capaces de empinarse sobre sus diferencias para enfrentar un escenario que ya era advertido por los estudios de opinión, ni mucho menos fueron capaces de construir una propuesta que resultara atractiva y creíble para la mayoría de los peruanos ni de generar una conexión con los sectores mas desposeídos y por lo tanto mas necesitados de orientación, yo prefiero dejarme orientar por un hombre como Mario Vargas Llosa. Gracias a Dios no soy peruano y por lo tanto me encuentro excluido del estrés ciudadano a que se encuentran sometidos hoy en día los votantes de ese país, pero si tuviera que hacerlo, si tuviera que escoger, creo que aceptaría el argumento de Don Mario tan simplificado en la frase feliz del docente americano: “De uno tengo sospechas, pero de la otra tengo pruebas”.

domingo, 20 de marzo de 2011

CORTÁZAR VÍA ORIENTE


Durante los meses posteriores a mi regreso de la aventura ibérica, con excepción de una breve nota escrita antes de que reventara el cañonazo del año nuevo, me había abstenido, voluntariamente, de escribir. No porque faltaran temas para hacerlo, sino porque desde hace tiempo me ha ganado la certeza de que nada se aporta escribiendo, en un país donde nadie parece querer razonar y el odio, la división, la exclusión y el resentimiento solo dejan unos pequeños espacios libres a la voluntad de razonar, de dialogar, de construir.

No pocas veces me he mordido la lengua para no hacer comentario alguno sobre una realidad que ni André Bretón hubiese podido imaginar más surrealista. En este país del alrevés, empeñado en autodestruirse eficientemente, la realidad ha dejado atrás a cualquier fantasía y el realismo mágico parece haber salido de las novelas de García Marquez para instalarse de manera definitiva en la cotidianeidad del venezolano. 

¿Qué cosa medianamente interesante y sensata puede uno escribir en un país donde Hugo y Ramos Allup compiten formidablemente en el discurso estrafalario, vulgar, soez y descalificador? ¿Qué idea de un escribidor puede superar al espectáculo ramplón de los Ministros que superan a Miguel Angel Asturias en sus (des) Memorias y Cuentos? ¿Qué podría decir uno que supere en fantasía a un discurso de Soto Rojas, a una declaración de Cilia, a una entrevista de cualquiera de los integrantes de la MUD, como Alvarez Paz, que ya se aprestan a asumir la condición de Mesías? 

Y no es que no haya sus excepciones (que las hay, claro que las hay, como la refrescante y hermosa María Corina y uno que otro representante de ambos bandos), pero todavía no he podido imaginarme poder escribir algo que supere a las declaraciones de Robert Serra o a las discusiones que desde la oposición ya se alzan, en voz altisonante, sobre la determinación de la fecha de las primarias. Y todo ese espectáculo que parece salido de la pluma magistral de un escritor alucinado, se desarrolla y prolonga en medio de una crisis que nos ahoga, amenizada por las emisiones de La Hojilla y Aló Ciudadano, la crisis inmobiliaria, la emergencia por las lluvias, el drama de los damnificados, la precariedad de los refugios, el desfalco de los fondos de los trabajadores de PDVSA, huelgas de hambre estudiantiles y aderezadas por las intervenciones cada vez mas mágicas (pero no por ello menos reales) de la Defensora del Pueblo.

En fin, que con todo este ambiente de Telón de Fondo, ¿para que escribir? ¿sobre que escribir? Y sobre todo: ¿Para quién escribir? ¿con quien compartir angustias o con quien establecer un diálogo sensato?

Pero el miércoles pasado, un 16 de Marzo inolvidable, ocurrió (aunque ustedes no me crean) algo que me hizo volver a querer escribir: regresaba yo de la Capital hacia la Maturín de mis desvelos, utilizando por supuesto la única vía existente para ello, es decir, la carretera “de la Costa”, la “vía de Oriente”, la de siempre, la que no cambia (salvo que sea para empeorar) sino cuando una verdadera emergencia genera la frenética actividad de una administración que solo reacciona ante calamidades de características importantes, acostumbrada desde tiempo ha a implementar “operativos” por su dificultad estructural para entender que “administrar” es labor constante y permanente y no reacción espasmódica.

Salimos a temprana hora, con la intención de arribar temprano para poder disfrutar de la transmisión televisiva del juego del Real Madrid. Es que, desde hace algún tiempo, el único “partido” que me moviliza es uno de fútbol y más ahora que culminó la temporada beisbolística y mis gloriosos Leones vacacionan hasta la próxima. 

Y ahí, en esa estrecha cinta de asfalto que valientemente sigue soportando el tráfago del nutrido tránsito vehicular entre el Oriente y Caracas, algunos kilómetros antes de llegar a Cúpira, la pequeña población en la que no dejo nunca de detenerme para comprar el mejor Casabe galleta del mundo, nos topamos con el evento que me indujo a enfrentarme una vez más con la pantalla del computador y batallar con el ratón, el teclado y la imaginación, para redactar esta crónica, tratando de que salga algo más imaginativo, interesante, llamativo y atrayente que un Aló Presidente o una rueda de prensa de Salas Feo.

Y es que, aunque ustedes no lo crean, allí, en medio del calor, del brillo cegador de un sol exuberante, del verdor alucinante de la vegetación, del olor a combustible, del tráfago de motorizados que hacían su agosto ofreciendo carreritas, vendiendo sanguchitos, chucherías y hasta cerveza fría (bien helada por supuesto), me topé con una realidad  que solo Julio Cortázar había sido capaz de imaginar: por motivos que nunca quedaron suficientemente claros (unos decían que se trataba de reclamar el asfaltado de una carretera, otros afirmaban que se trataba de un enfrentamiento entre miembros de distintos Consejos Comunales, otros  manifestaban con total seriedad que se trataba de una protesta por la falta de agua, pero nadie supo nunca explicarnos con certeza de que se trataba) grupos de manifestantes cerraron el paso por la carretera, reclamando la presencia de un Alcalde que por supuesto jamás apareció. 

Allí permanecimos siete (7) largas horas, durante las cuales jamás vimos a ninguna autoridad hacer presencia determinante para la solución del problema. Y durante esas siete largas horas que, para mayor tristeza, me hicieron perderme una sólida victoria de mi Real Madrid (¡Hala Madrid!), no pude dejar de recordar “La Autopista del Sur”, el cuento de Cortázar que siempre me pareció extraordinario, en el que una tranca en una autopista francesa genera una historia de esas que solo el genio de Cortazar era capaz de contar. 

Casi llegué a imaginarme a Taunus, o al ingeniero, o a la muchacha del Dauphine, o a las monjitas y ancianos del cuento sumidos en la calina del medio día barloventeño, o a los jóvenes del Simca, acompañados del soldado y del hombre del 203, acaballados en el asiento del acompañante de algún motorizado avivado, en búsqueda de agua y provisiones para los viajeros varados;  casi que sentí vibrar en el aire la misma hostilidad que enfrentó, revoleando la guadaña, el americano del De Soto y hasta juro que por un momento, cuando se abrió la carretera nuevamente para restablecer el paso, creí ver a Taunus, llevando en la mano la novela que leía la primera noche, un frasco de lavanda casi vacío del 2HP de las monjas y el osito de felpa que le obsequió como mascota la bella muchacha del Dauphine, antes de perderse conduciendo con la mirada fija hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.

 Y en ese momento, en ese preciso e inolvidable momento, entendí que tenía que escribir sobre ese evento, que se alzó sobre toda la realidad mágica que me rodea, para reconectarme con la necesidad de elevar la voz, de reclamar cordura, de decir algo que pueda llevarnos a recobrar el país que amo y que se sumerge (a pasos agigantados, eso sí, como diría cualquier propaganda oficial) en la destrucción y el desvarío.


lunes, 1 de noviembre de 2010

BIEN ACOMPAÑADO

Este lunes, que en España amanece tranquilo, por ser festivo no laborable, es el día final de mi aventura ibérica. Mañana tomaré el avión que me devolverá a mi país, al seno de mis afectos, de retorno a mi habitualidad, a mi rutina, a mis querencias.
Al volver, llevo conmigo una mezcla de sentimientos. Venir a esta España cautivadora, a esta tierra feliz que enamora al visitante con su embrujo  especial, me ha proporcionado una estancia feliz al lado de familiares con los que no compartía desde hace muchos años, pero que tienen especial significación en mi vida. Forman parte de mis afectos mas cercanos y además me atan a ellos, más que los lazos de sangre, los nudos fuertes de un amor estrecho. Eso me ha hecho sentir en carne propia, al igual que en su momento lo expresara Andrés Eloy Blanco, mi poeta favorito, que mi corazón hoy es un péndulo entre Venezuela y España.
Me llena de alegría volver al seno de mi familia, al amor de la que ha sido mi compañera de vida, a los brazos rebosantes de cariño de mis hijos, a mi cotidianidad, al verde diferente de mi tierra monaguense, al cálido abrazo de la tierra donde nací y donde durante toda mi vida he hecho siembra, sentado bases, construido vida. Regreso feliz, por haberme sido dada por Dios la enorme satisfacción de poder visitar a todos mis familiares, que hoy hacen esa misma siembra en esta tierra española que de tan grata forma ha impresionado mis sentidos y mi espíritu durante treinta días de permanencia feliz.
Pero una cierta tristeza marca el momento de volver, porque ello significa reabrir la distancia oceánica con personas que significan tanto y que durante mi estancia me han proporcionado no solo cobijo y estancia, sino cariño, compañía y atenciones que me han mantenido rodeado de un verdadero “muro de cariño”. Por eso dejo parte de mi corazón repartido en la geografía española: un pedacito en Valencia, en la casa de Luis y María, la que convirtieron en mi hogar durante mi permanencia y donde se desvivieron por mi, llenándome de atenciones amorosas junto a mis primas Juana y Tamara; dejo otro pedacito en Málaga, la ciudad de la luz especial, donde aprendí que Picasso no podía sino ser malagueño, al lado de Melissa y Vertucho, que también me rodearon de cariño y de afecto; otro pedazo queda en Madrid, al lado de Guillermo y Sandra y de la pequeña Sofía, que tomaba uno de mis dedos en su manita para caminar conmigo por las calles y parques madrileñas, haciéndome recordar lo hermoso de esa sensación desplazada por el crecimiento de mis hijos; dejo otro pedacito en el hogar de Luisma y Bea, que me abrieron puertas no solo de su casa, sino de sus corazones. Y eso de dejar el corazón repartido, es la mejor excusa que he encontrado para volver pronto, porque siguiendo el ejemplo de Hansel y Gretel, no he hecho más que marcar, con miguitas de mi corazón, el camino de vuelta.

Y cuando retome, en un futuro, ese camino sembrado de miguitas de mi corazón, no dudaré en volver a tocar la puerta de Darío José y Patricia, ni la de Daniel y Mayerling, esas personas que esperaron mi visita con verdadero cariño, para salir conmigo a mostrarme la belleza del Madrid que los acoge y al que están aprendiendo a amar con entusiasmo. Ellos me han reafirmado el valor de la amistad, que como joya inapreciable siempre mantiene su alta cotización en la bolsa de valores de nuestra existencia. No pocas de las migas, marcarán el retorno a sus hogares para compartir de nuevo momentos difíciles de olvidar.



Me queda, como importante pendiente cuando desande el camino de migajas, la visita a José Ramiro, el amigo apreciado desde aquellos años en que compartíamos en los pasillos universitarios, los momentos felices de la juventud soñadora. Con el he adquirido el compromiso ineludible de caminar juntos los caminos de su Galicia y la visita infaltable a Santiago de Compostela. Como quiera que Dios premia la amistad sincera y la protege siempre, no me cabe duda de que me será dada la oportunidad de hacer efectiva esa visita.
En tierra venezolana concluiré mi crónica de este viaje feliz a la tierra hispánica de nuestros orígenes. Hoy, después de haberla recorrido, disfrutado y sentido, si alguien me preguntara mi impresión acerca de España, le diría que me llevo a Venezuela las más gratas sensaciones. Sin dejar de dar importancia a la crisis que la afecta, me atrevo a afirmar que la sociedad española se encuentra suficientemente preparada para enfrentarla y tengo la convicción íntima de que más temprano que tarde la superará y continuará adelante en su decisión inexorable de continuar construyendo una sociedad más justa, más moderna, más igualitaria y que mantendrá el lugar que ha conquistado entre los países más avanzados del globo terráqueo.
Como visitante educado, me resisto a formular juicios de valor acerca de esta tierra y de su gente, que tan bien me han atendido y respecto de los cuales no tengo, sinceramente, más que elogios y agradecimiento. Lo más lejos que me permito llegar, es a decir que si hoy alguien me pidiera que definiera a España en solo tres palabras, respondería que, para mi, esta tierra hispánica se define con estas tres: disciplina, firmeza y resolución.

Me llevo la convicción de que el carácter de la sociedad española es de acero, lo que me parece totalmente natural cuando me detengo a pensar que ha sido forjado y templado por una historia llena de sufrimiento, vicisitudes, invasiones, tiranías, tragedias y todo tipo de circunstancias difíciles a las que nunca evadieron enfrentar y en las cuales, no en pocas oportunidades, debieron pagar el más alto precio. En un mundo que recuerda con admiración la valentía de un grupo de judíos, que en la meseta de Masada pagaron con moneda de propia sangre el precio de la libertad, tal vez sea conveniente recordar, como precedente, que muchas décadas antes, en la Numancia cercada por el invasor romano, el carácter español reveló, con igual dramatismo, su resolución definitiva de conservar la libertad o perder la vida.
Cuando un grupo humano es protagonista de una historia como la de España, todas sus virtudes son supremamente puestas a prueba y eso conduce, de manera lógica a una particular forma de cultura, un apego especial por lo propio, una pasión por la conservación de todo lo que estuvo en riesgo. Hoy, que este viaje por España me ha dado la oportunidad de recorrer su tierra, de pisar sus sitios históricos, de caminar por las calles centenarias de sus ciudades más importantes, de interactuar con sus habitantes, veo las cosas con una perspectiva convencida: con esas particularidades de la historia española, habiéndolas observado y comprendiéndolas hoy mejor, concibo los nacionalismos que son tan caros y preciosos para los distintos sectores de la sociedad española y que son tan difíciles de entender para nosotros los latinoamericanos, ajenos como somos a su proceso de forja y templado, como el  reflejo de un particular modo de amar a su tierra más inmediata. Quizás por esta conclusión, tengo también la visión optimista de que los españoles se encaminarán, de esa manera firme, valiente y decidida que los caracteriza, hacia el fortalecimiento de una sociedad comprensiva de esa realidad y que seguirán construyendo una España mejor, más unida y más fuerte, con total respeto por las particularidades de sus componentes.
En este viaje, aunque no traje compañía, no vine solo. Conmigo vinieron a España mis amores más profundos: el espíritu infaltable de mi madre me acompañó en cada momento y en cada paso que di en La Alhambra, ese sitio al que siempre se refirió con especial cariño, al que siempre deseó volver y que impresionó gratamente las fibras sensibles de su corazón. Las muchas horas que pasé recorriendo sus calles empedradas, sus jardines, sus sitios más reconocidos, significaron para mí un doble disfrute: el gozar de su belleza inmensa y de la especial comunión alcanzada en ese momento con mi mamá, Eugenia, Meñita, eterna.

Aún cuando no estuvo físicamente conmigo, también este viaje lo he hecho tomado de la mano de mi padre, a quien cada vez amo y admiro más profundamente y cuyo corazón fue también, en su momento, tocado por esta España que embruja, cautiva y enamora a cualquier espíritu sensible que la visita.

En todo momento percibí a mi lado la sombra protectora de mi hermano mayor, cuyo cariño no solo hizo posible esta aventura hispánica, sino que me demostró, una vez más, que no hay magia más poderosa que la del amor. Y vino conmigo, caminando a mi lado y pendiente de proteger mis pasos, como siempre serio, circunspecto y silencioso, mi hermano menor. Y junto a ellos, el cariño de cuñadas y sobrinos que ocupan un lugar especial en ese órgano pequeño, pero de inmensa capacidad, que es el corazón.
En mis caminares y andares, estuvo siempre a mi lado la presencia viva de mi compañera de vida, de mi principal socia en el negocio de felicidad que desarrollamos desde hace casi 20 años y que ha rendido ganancias y capital extraordinario en el fruto de cuatro hijos que son mi mejor utilidad, mi esposa, la mujer increíble que siempre está a mi lado, empequeñeciéndome con la grandeza de su amor inalterable.
Este tránsito ibérico que deja huella no pequeña en mi corazón y en mi espíritu, lo he hecho con mis hijos como compañeros constantes. Sus risas infantiles, el apresurado andar de sus pequeños pies, que ya hoy han dado paso al vigor de característico de la juventud, han andado conmigo por las calles de Madrid, El Puig, Valencia, Requena, Sagunto, Jaen y Málaga. Recorriendo la costa del sol, casi llegue a sentir el tacto de sus pequeña manos que tomaban la mía y me animaban a conocer sus pueblos, a aprender de su gente, a hacerme mejor con sus conocimientos y con su ejemplo, a adquirir de ellos lo mejor para mi, para tener luego mejor manera de transmitírselos a ellos.
Conmigo caminaron por España Demetrio y Rosa, Guillermo y Juana, los abuelos mágicos que plenaron mi infancia con su amor ilimitado, contribuyeron a abrir mi espíritu a la belleza de la vida y prepararon mi corazón para el amor, ese mismo corazón que hoy los extraña con anhelo y nostalgia. Y estuvo también a mi lado, en este recorrido ibérico que no hizo sino acentuar su recuerdo grato, mi querido Angelón, a quien en no pocas oportunidades casi pude oír recitándome alguno de esos poemas clásicos de la literatura española que tan bien conocía de memoria o entonando una de esas canciones de antaño, o explicándome un detalle histórico extraído de su enciclopédica memoria. Y en presencia viva se tornó el espíritu de Rubén, que pisó conmigo calles españolas, escuchó conmigo el tocar de las guitarras, observó conmigo la riqueza histórica de sus construcciones, se admiró conmigo de la magnitud de sus catedrales y que en algún momento, en cualquier momento, irá conmigo a hacer realidad aquellos planes comunes de visitar Estambul, para observar tranquilos, regocijados y unidos en la estrecha amistad que mantenemos, un hermoso atardecer en el Bósforo.
Y también tomaron el avión junto a mí para venir a tierra española en bandada protectora, los amigos especiales, los que me han acompañado siempre a lo largo de mi vida, los que jugaron juegos de niñez en pasillos de escuelas y liceos o recorrieron conmigo las calles de mi ciudad, haciendo travesuras armados de gomeras incapaces de dañar pájaros. Amigos que hoy me hacen el honor de apadrinar a mis hijos o de permitirme apadrinar a los suyos. Amigos que abren las puertas de sus casas para compartir conmigo cumpleaños, nacimientos, matrimonios, graduaciones. Amigos que hicieron, hacen y harán de la vida un espacio especial y una dimensión de felicidad.
Gracias Dios y Señor mío, Supremo Arquitecto de todo lo bueno, por permitirme venir, tan bien acompañado, a disfrutar de este viaje de amor a la tierra donde todo lo que me es valioso comenzó, en un Puerto de Palos de Moguer un 12 de octubre de 1492.